martes, 8 de febrero de 2011

Las memorias del tiempo

En el Congreso se debate un proyecto de ley de víctimas del conflicto en Colombia. Uno de los debates es sobre la fecha a partir de la cual se reconoce los beneficios a las víctimas; según lo aprobado en los primeros debates se definió desde 1991; aunque otros sugieren que sea desde 1983. El argumento que utilizan los que quieren el periodo más corto es la viabilidad fiscal y los otros el reconocimiento de las víctimas.
Si bien en el tema de las políticas públicas me parece importante la definición de los límites, este debate me ha suscitado una reflexión más amplia sobre la violencia, la guerra y el tiempo en Colombia. Si quieren podría denominarlo la guerra por el tiempo en Colombia, lo cual no me parece ajeno a la situación que se presenta actualmente. ¿Qué puede significar una lucha por los límites de tiempo? ¿Qué se define? En la medida que toda definición incluye/excluye.
El tiempo implica también una narración, poder decir qué paso, definir los márgenes del pasado, esos contornos que lo diferencian del presente de quien narra y de un futuro que se escuchará. Es decir, se configura un espectáculo, un teatro. La pregunta bien formulada es entonces por el espectáculo ¿qué teatro se esta construyendo? ¿Cómo se narra la historia de violencia y guerra en el país?
Pues bien, en el margen, entre la historia y la memoria, entre subjetividad e institucionalidad; allí en la puerta del gran teatro de las discusiones de los "profesionales-técnicos" vamos a narrar las memorias, no son las ocultas, ni las que por algún artefacto han sido silenciadas. Son, si se nos permite la expresión, las memorias que se construyen en la cocina, en el preámbulo de los encuentros familiares, esas que nos han atravesado desde la infancia hasta la vejez, las que llegaron por voz de los protagonistas, o por el testimonio de quienes las escucharon de sus protagonistas: una herencia de voces y narradores, entre el sabor y el saber.

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