domingo, 15 de mayo de 2011

Los nombres de la violencia

No hay mitos de la violencia. Tal vez hay demasiados, que transitan como fantasmas entre los discursos, entre las palabras camufladas con solvencia interpretativa. Mitos colectivos, mitos individuales, mitos locales. Fantasmas, usurpadores. Los nombres de la violencia son los fantasmas de la violencia, los velos que la cubren. Entonces no hay una " violencia en sí", sino su rastro fenomenológico, hay que hacer una hermenéutica de los fantasmas. En otras palabras, los fantasmas son la violencia. Habría que hacer -siempre como promesa, como don de la espera- un programa para convocar a los fantasmas de la violencia, a sus nombres. Algunas advertencias de este programa.

El fantasma es siempre plural. Su marca está atravesada por las huellas de los anteriores fantasmas, su comunicación - siempre existente- evade los controles contra los fantasmas, aparecen y re aparecen. Un fantasma lleva a otros, un nombre lleva a otros nombres.

Los nombres de la violencia. Un plural y un singular. Dicotomia imposible de mantener, la violencia es sus nombres. No hay una, siempre más de una. Por esos el análisis de sus marcas es imprescindible.

jueves, 10 de febrero de 2011

De testimonios y traducciones

Los testimonios son traducidos, de eso no existe la menor duda: se piensa que todo testimonio requiere de una traducción, llámese interpretación, querer decir, sentido oculto, etc. No hay, por supuesto testimonio puro, si ha pasado por la experiencia del lenguaje, de la representación simbólica, significa la elaboración de una experiencia, que bien hay que comprenderla como histórica, social y discursiva. Mucho se ha escrito también sobre el lugar del testimonio de víctimas y sobrevivientes, quién lo convoca, a quiénes se escucha, qué se escucha, etc. Pero nuestra preocupación es esa necesidad de la traducción del testimonio, ¿por qué se traduce? o mejor ¿por qué es necesario traducirlo? Acaso el testimonio de víctimas y sobrevivientes carga con una falta que hay que llenar, con un querer decir que no puede ser dicho por el mismo testimonio y desde afuera se debe llenar, se debe cargar de sentido. Pero esto mismo no es acaso el desconocimiento del testimonio, su traducción en lenguajes jurídicos o psicológicos -solo por citar algunos-, no hace perder su singularidad, la traza que le da existencia a esa experiencia.
El testimonio desborda esos lenguajes, y ellos lo quieren restringir en unos universales generales. Claro es una paradoja entre lo singular y lo universal. Entonces esto no significa encontrar una solución a esa paradoja, pero al menos poder pensar que se abren otras posibilidades. Una de ellas es la imposibilidad total de la traducción, siempre el núcleo, o los márgenes mismos del testimonio no se dejan traducir, lo que significa que hay que volver al testimonio una y otra vez, no habitarlo, sino dejarse habitar, que su lenguaje discurra. Por supuesto esto suena más a una prescripción, a una prerrogativa, habría que aventurar una ruta metodológica. Pero la menos tenemos nombrado el abismo sobre el cual algo se debe pensar.

martes, 8 de febrero de 2011

Las memorias en el tiempo 1

1.
Fue precisamente en la cocina, en una modesta pero gran casa de campo de zona fria en las montañas de Nariño, iluminada por una lámpara de petróleo, que proyectaba tenues sombras, que mi abuelo, ya entrado en años, nos contaba en forma pausada las historias de su vida. No las recuerdo bien, solo algunas frases, algunos contextos. Ya son muchos años desde que las escuche, están en la frontera de lo que recuerdo, invento, transformo u olvido. Pero acaso ¿eso no es la posibilidad de la memoria?
Cautivados por una voz que imponía autoridad por la experiencia, el abuelo explicaba, sin ningún tono pedagógico, como su hermano lucho en la guerra por con el Perú, o como él varias veces salió ileso en las peleas entre liberales y conservadores. Mi padre tampoco estuvo alejado de ellos, mientras en su juventud recorrió las fincas cafeteras del gran Caldas y el gran Tolima, supo de compañeros asesinados, desaparecidos, torturados...
Una historia de la violencia que no se aleja aún de las narraciones actuales, los muertos aún se cuentan, los desaparecidos aún se esperan, las memorias ajenas y propias están habitando los caminos, los silencios andados. ¿Cuál es el límite del tiempo, al menos para saber narrar la historia de este pais? No, no hay una pregunta por el origen, la causa primera, esa ya no importa, porque a cada momento se reinventa, a cada momento los discursos, los actores la inventan, la crean. No hay un origen primario desde donde se desprende esto, ese origen no esta fuera de nuestra propia invención. No es un extra-tiempo, no es el "erase una ve", no hay mitologías del origen. Tampoco son nuestros genes, no es la sangre que se hereda...Me pregunto por la invención, en qué momentos, en que circunstancias se reactualiza...
Preguntas ingenuas, podrán pensar, a partir de dos anécdotas familiares...Tal vez si, tal vez sobre el horizonte no hay nada más que una excusa para no investigar las causas, los momentos primeros en que el mundo se descompuso...Pero tengo que insistir que no busco el origen, porque no lo hay.



Las memorias del tiempo

En el Congreso se debate un proyecto de ley de víctimas del conflicto en Colombia. Uno de los debates es sobre la fecha a partir de la cual se reconoce los beneficios a las víctimas; según lo aprobado en los primeros debates se definió desde 1991; aunque otros sugieren que sea desde 1983. El argumento que utilizan los que quieren el periodo más corto es la viabilidad fiscal y los otros el reconocimiento de las víctimas.
Si bien en el tema de las políticas públicas me parece importante la definición de los límites, este debate me ha suscitado una reflexión más amplia sobre la violencia, la guerra y el tiempo en Colombia. Si quieren podría denominarlo la guerra por el tiempo en Colombia, lo cual no me parece ajeno a la situación que se presenta actualmente. ¿Qué puede significar una lucha por los límites de tiempo? ¿Qué se define? En la medida que toda definición incluye/excluye.
El tiempo implica también una narración, poder decir qué paso, definir los márgenes del pasado, esos contornos que lo diferencian del presente de quien narra y de un futuro que se escuchará. Es decir, se configura un espectáculo, un teatro. La pregunta bien formulada es entonces por el espectáculo ¿qué teatro se esta construyendo? ¿Cómo se narra la historia de violencia y guerra en el país?
Pues bien, en el margen, entre la historia y la memoria, entre subjetividad e institucionalidad; allí en la puerta del gran teatro de las discusiones de los "profesionales-técnicos" vamos a narrar las memorias, no son las ocultas, ni las que por algún artefacto han sido silenciadas. Son, si se nos permite la expresión, las memorias que se construyen en la cocina, en el preámbulo de los encuentros familiares, esas que nos han atravesado desde la infancia hasta la vejez, las que llegaron por voz de los protagonistas, o por el testimonio de quienes las escucharon de sus protagonistas: una herencia de voces y narradores, entre el sabor y el saber.

martes, 24 de noviembre de 2009

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La definición del daño social, un campo en disputas


La política gubernamental de atención a las víctimas del conflicto en reparación ha tomado como eje el daño individual como forma de leer las secuelas e impactos del conflicto y la guerra. Por ejemplo en el decreto 1290 sobre reparación administrativa refleja esa concepción, ya que los únicos daños susceptibles de reparación son los que se refieren al cuerpo y el individuo: muerte, desaparición, lesiones personales, tortura, violencia sexual.


Lo que quisiera señalar es que esta concepción de la reparación no obedece a una simple e inconclusa formulación técnica de un mecanismos de reparación susceptible de ser mejorado con adecuaciones que se irán añadiendo. Lo que este decreto refleja es toda una comprensiones y delimitaciones conceptuales sobre el daño, sobre el dolor y el sufrimiento, pero así mismo sobre como nombrar el pasado y la relación víctimas victimarios.


La apuesta en la estrategia de intervención gubernamental por privilegiar el daño individual, es también una forma de privatizar la violencia, en tanto la secuela queda reducida a la relación entre víctima-victimario y las huellas sobre el cuerpo.


Esto implica también que el lenguaje a partir del que se habla es un lenguaje desde la economía del daño individual para ser reparado. Que a su vez implica que la narración sobre el conflicto esta codificada a partir de la tasación de ese dolor, es decir en el lenguaje jurídico de la indemnización.


Lo que se deja silenciado y sin reconocimiento es el daño social. Es más, en una violencia caracterizada por la magnitud, los años y lo sistemático, el daño social debería ser un eje central. De aquí que nombrar el pasado, nombrar el dolor sean campos en disputa, entendida en tanto la estrategia gubernamental no lo reconoce, y las organizaciones de víctimas se plantean en una narración diferente a la hegemónica que plantea el estado.


De aquí también que este tema de definir el daño, también nos lleva a pensar como se realiza una nueva configuración del pasado. Por ejemplo, hace unos años atrás, los pobladores de varios regiones donde la violencia fue rutinaria, nombraban a los grupos d ellos victimarios, como paras, guerrilla, ejercito, etc, ahora hay un genérico que los carteriza grupos al margen de la ley, y eso mismos pobladores los nombran ahora de esa manera. Su mismo pasado se reconfigura en la forma de narrarlo.


Estas son formas de nombrar el pasado, a las víctimas y a los victimarios. En este sentido, el tema del daño social implica la memoria.




La memoria como una practica para visibilizar el daño social.


¿Cómo construir narrativas que visibilicen ese daño social? Una memoria y una narrativa que no se vea desde la descripción gráfica de los hechos violentos, que nos pone en al trampa de la verdad judicial, sino una memoria que hace del testimonio un lugar epistemologioc para reflexionar sobre la experiencia política d ellas víctimas como sujetos políticos e históricos.


Mas allá del testimonio instrumentalizado



Los escenarios actuales instrumentalizan el testimonio ya sea con su reducción como ilustración emotiva de los informes expertos, o como prueba jurídica. En cada uno de ellos desaparece la experiencia de las víctimas como historia y la experiencia política, porque son solo en tanto prueba, en tanto testigos de la ocurrencia de un hecho.


Existe una apuesta epistemología, en tanto tratar el testimonio como lugar para el conocimiento, para reflexionar sobre al experiencia d ellas víctimas.


La JT como teología


En una publicación reciente sobre experiencia de reparación en Colombia, se señala que


Sin embargo, como la Ley de Justicia y Paz no es el único y tampoco el más importante escenario de la justicia transicional en Colombia, este proyecto buscó precisamente identificar y visibilizar otros escenarios en los que se juegan las posibilidades de una transición con respeto de los derechos de las víctimas. Los textos que tienen en sus manos visibilizan otras formas de hacer justicia y reparación, y además de construir verdad y memoria: una fórmula “desde abajo” que permite que las víctimas interpelen al Estado y exijan el cumplimiento de estos derechos, partiendo de las particularidades regionales.


Si bien reconocemos los loables esfuerzo, y la necesidad de sistematizar las experiencias de resistencia en Colombia, si consideramos que el gesto en catalogarlas como “otras formas de hacer justicia y reparación” en un horizonte de otras posibilidades de transición, es dejar las experiencias de las víctimas solo en la marco de posibilidad de la JT. Esta, como concepto, y como telón de fondo no se puede cuestionar, se vuelve una teología.