domingo, 15 de mayo de 2011
Los nombres de la violencia
jueves, 10 de febrero de 2011
De testimonios y traducciones
martes, 8 de febrero de 2011
Las memorias en el tiempo 1
Las memorias del tiempo
martes, 24 de noviembre de 2009
La definición del daño social, un campo en disputas
La política gubernamental de atención a las víctimas del conflicto en reparación ha tomado como eje el daño individual como forma de leer las secuelas e impactos del conflicto y la guerra. Por ejemplo en el decreto 1290 sobre reparación administrativa refleja esa concepción, ya que los únicos daños susceptibles de reparación son los que se refieren al cuerpo y el individuo: muerte, desaparición, lesiones personales, tortura, violencia sexual.
Lo que quisiera señalar es que esta concepción de la reparación no obedece a una simple e inconclusa formulación técnica de un mecanismos de reparación susceptible de ser mejorado con adecuaciones que se irán añadiendo. Lo que este decreto refleja es toda una comprensiones y delimitaciones conceptuales sobre el daño, sobre el dolor y el sufrimiento, pero así mismo sobre como nombrar el pasado y la relación víctimas victimarios.
La apuesta en la estrategia de intervención gubernamental por privilegiar el daño individual, es también una forma de privatizar la violencia, en tanto la secuela queda reducida a la relación entre víctima-victimario y las huellas sobre el cuerpo.
Esto implica también que el lenguaje a partir del que se habla es un lenguaje desde la economía del daño individual para ser reparado. Que a su vez implica que la narración sobre el conflicto esta codificada a partir de la tasación de ese dolor, es decir en el lenguaje jurídico de la indemnización.
Lo que se deja silenciado y sin reconocimiento es el daño social. Es más, en una violencia caracterizada por la magnitud, los años y lo sistemático, el daño social debería ser un eje central. De aquí que nombrar el pasado, nombrar el dolor sean campos en disputa, entendida en tanto la estrategia gubernamental no lo reconoce, y las organizaciones de víctimas se plantean en una narración diferente a la hegemónica que plantea el estado.
De aquí también que este tema de definir el daño, también nos lleva a pensar como se realiza una nueva configuración del pasado. Por ejemplo, hace unos años atrás, los pobladores de varios regiones donde la violencia fue rutinaria, nombraban a los grupos d ellos victimarios, como paras, guerrilla, ejercito, etc, ahora hay un genérico que los carteriza grupos al margen de la ley, y eso mismos pobladores los nombran ahora de esa manera. Su mismo pasado se reconfigura en la forma de narrarlo.
Estas son formas de nombrar el pasado, a las víctimas y a los victimarios. En este sentido, el tema del daño social implica la memoria.
La memoria como una practica para visibilizar el daño social.
¿Cómo construir narrativas que visibilicen ese daño social? Una memoria y una narrativa que no se vea desde la descripción gráfica de los hechos violentos, que nos pone en al trampa de la verdad judicial, sino una memoria que hace del testimonio un lugar epistemologioc para reflexionar sobre la experiencia política d ellas víctimas como sujetos políticos e históricos.
Mas allá del testimonio instrumentalizado
Los escenarios actuales instrumentalizan el testimonio ya sea con su reducción como ilustración emotiva de los informes expertos, o como prueba jurídica. En cada uno de ellos desaparece la experiencia de las víctimas como historia y la experiencia política, porque son solo en tanto prueba, en tanto testigos de la ocurrencia de un hecho.
Existe una apuesta epistemología, en tanto tratar el testimonio como lugar para el conocimiento, para reflexionar sobre al experiencia d ellas víctimas.
La JT como teología
En una publicación reciente sobre experiencia de reparación en Colombia, se señala que
Sin embargo, como la Ley de Justicia y Paz no es el único y tampoco el más importante escenario de la justicia transicional en Colombia, este proyecto buscó precisamente identificar y visibilizar otros escenarios en los que se juegan las posibilidades de una transición con respeto de los derechos de las víctimas. Los textos que tienen en sus manos visibilizan otras formas de hacer justicia y reparación, y además de construir verdad y memoria: una fórmula “desde abajo” que permite que las víctimas interpelen al Estado y exijan el cumplimiento de estos derechos, partiendo de las particularidades regionales.
Si bien reconocemos los loables esfuerzo, y la necesidad de sistematizar las experiencias de resistencia en Colombia, si consideramos que el gesto en catalogarlas como “otras formas de hacer justicia y reparación” en un horizonte de otras posibilidades de transición, es dejar las experiencias de las víctimas solo en la marco de posibilidad de la JT. Esta, como concepto, y como telón de fondo no se puede cuestionar, se vuelve una teología.